Armas de Ruy Díaz de Segura: interpretación actual de las otorgadas en 1537 por el Emperador Carlos V al mercader sevillano establecido en la ciudad de Santo Domingo, en la isla Española.

 

 

Algunos linajes colaterales de interés

Lógicamente, toda historia familiar se viene enriqueciendo a través de las generaciones con aportaciones de nuevos individuos y familias a lo largo de los tiempos.

Evidentemente, muchos de ellos apenas dejan algún rastro en la documentación: son poco más que un apunte en un libro parroquial, un censo o un padrón. Pero en otros casos, la conservación de los documentos –por fortuna, suerte o gracias a la guarda cuidadosa de los mismos– nos permiten extraer más información sobre algunas de estas personas que pasaron y dejaron algo de ellos mismos en nosotros.

Destaco aquí a algunas de estas familias (o individuos) que por su volumen documental, o por su interés personal, pueden merecer una cita en esta página: los Díaz de Segura, mercaderes ennoblecidos del siglo XVI, y los León Sotelo, hidalgos y comerciantes del siglo XVIII.

“Noticia exacta de las Fincas Urbanas, rústicas, tributos a favor… del Mayorazgo fundado en la villa de Huelba el año 1751 por D. José y D. Francisco de León Sotelo…” Circa 1830, colección particular.

TRANSCRIPCIÓN: Armas para Ruy Díaz de Segura.

 

Don Carlos y doña Juana, etcétera. Por cuanto por parte de vos, Ruy Diaz de Segura, vecino de la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española que es en las nuestras Indias del Mar Océano nos ha sido hecha relación que vos residisteis mucho tiempo en la dicha isla, y nos  servisteis en la población de ella, donde tuvisteis vuestra casa poblada y hacienda y granjerías, con las cuales socorristeis muchas veces y ayudasteis a los vecinos necesitados de la dicha isla para poderse en ella sustentar, y nos fue suplicado y pedido por merced, que en remuneración de los dichos vuestros servicios vos mandásemos confirmar y conceder de nuevo las armas que vos tenéis de vuestros padres, abuelos y bisabuelos y que son un ramo verde de granado y con tres granadas de oro al cabo de él y le tenga una mano izquierda de hombre, y diésemos por armas dos gamos en campo verde,  que el uno de ellos esté paciendo y el otro andando /  la cabeza alta, con una guirnalda alrededor del escudo de ramos y flores, o como la nuestra merced fuese, lo cual visto por los del nuestro Consejo de las Indias acatando lo que nos habéis servido, tuvimos lo por bien,  y por la presente vos confirmamos y aprobamos las dichas armas que así decís que tenéis de vuestros padres y abuelos y bisabuelos y de nuevo las que así pedís, según y como aquí van  figuradas y pintadas para que las hayáis y tengáis por vuestras armas conocidas vos y vuestros hijos y descendientes de ellos y de cada uno de ellos, y las poner y pongáis vos y ellos en vuestros reposteros y escudos y casas y en las otras partes y  lugares que quisiéredes  y quisieren, sin que en ello vos sea puesto embargo ni impedimento alguno, y encargamos al Ilustrísimo príncipe don Felipe nuestro muy caro y muy amado nieto e hijo, y a los infantes nuestros muy caros y muy amados hijos y hermanos, y a los duques, marqueses, ricos hombres,  maestres de las órdenes, priores, comendadores, subcomendadores, alcaides de los castillos y casas fuertes y demás, y a los del nuestro Consejo, presidente y oidores de las nuestras audiencias, alcaldes alguaciles de la nuestra casa  y corte y chancillería, a todos los regidores, asistentes, gobernadores, alcaldes y otros jueces y justicias cualesquier, así de estos nuestros reinos y señoríos como de las nuestras Indias, islas y  tierra firme del mar océano /  y por cada y cualquier de ellos en sus lugares y jurisdicciones, que vos dejen y consientan a vos y a los dichos vuestros hijos y descendientes de ellos y de cada uno de ellos, traer y poner en los dichos vuestros reposteros y casas y en las otras partes y lugares que quisiereis y por bien tuviereis, sin que en ellos vos pongan ni consientan poner  embargo ni impedimento alguno. Dada en la noble villa de Valladolid a 22 días del mes de diciembre, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil y quinientos treinta y siete años. Yo el Rey. Yo Juan Vázquez de Molina, secretario de sus cesáreas y católicas Majestades, la hice escribir por su mandado.  Firmado el conde y Beltrán Carvajal y Bernal y Velázquez.

 

(Firma:) Bernal Darias

En relación con los León-Sotelo, de origen onubense, sabemos que, según los censos y catastros realizados en Huelva en el siglo XVIII, el número de hidalgos residentes en Huelva en esas fechas osciló entre un mínimo de cinco (Catastro de Ensenada) y un máximo de ocho (Censo de Floridablanca). En ellos se recoge a D. Joseph de León-Sotelo y Cifuentes, segundo propietario de ganado de la ciudad y con un importante número de fanegas de tierra y de viviendas asimismo de su propiedad, siendo la segunda fortuna de Huelva capital tras D. Joseph de Mora Negro, también hidalgo y propietario. Los hermanos José y Francisco de León-Sotelo constituyeron mayorazgo en Huelva en 1751.

 

La familia León-Sotelo se instaló asimismo en Sevilla y Cádiz durante los siglos XVIII y XIX. En 1775, Luis Juan de León-Sotelo, rico cargador de Indias sevillano, era mayordomo y administrador de la mesa capitular de la Catedral de Sevilla con su hermano Alonso, puesto por el que había depositado una fianza de 130.000 ducados; y pleiteó (entre 1783 y 1785) en la Audiencia de la Contratación en un feo asunto contra varios comerciantes españoles y franceses de la ciudad de Cádiz (encabezados por un tal Jean-Baptiste Musit) que, confabulados con su propio hermano (que para entonces ya había fallecido), la mujer de éste, María Brackelman y su suegra Micaela Guillelmi habían defraudado y sustraído importantes cantidades correspondientes a los intereses de las rentas del Cabildo falsificando las cuentas y la documentación, con el fin de armar varias embarcaciones (el Gibraltar, el Olivablanca, el Marte y el Neptuno), copropiedad también de D. Joseph de Miranda, cargador gaditano, para comerciar con Indias: Una historia sin duda muy poco edificante, pero que nos muestra a la perfección el complejo entramado económico y financiero sustentado por los más que arriesgados (y como hemos visto, en ocasiones deshonestos) cargadores de Indias de Sevilla y Cádiz.

 

 

Pleito entre Luis Juan de León Sotelo con el Cabildo Catedralicio de Sevilla, D. José de Miranda y otros (1782). Archivo Histórico Nacional, Madrid.

Documento de concesión de un escudo de armas al mercader sevillano Ruy Díaz de Segura,  establecido en la ciudad de Santo Domingo, en la isla Española (Valladolid, 1537).

Archivo General de Indias, Sevilla.

 

 

Ruy Díaz de Segura, mercader sevillano establecido en la ciudad (en su collación de Santa María), estuvo activo en el segundo y tercer cuarto del siglo XVI. Díaz de Segura y su hermano el mercader Pedro Gutiérrez, marido de Beatriz de la Sal, estuvieron entre los más ricos hombres de negocios sevillanos de mediados de siglo. Segura poseía tres barcos enrolados en la carrera de Indias: la carabela Santa María del Cabo, la Santa María de la Regla en asociación con su primo Pedro de Medina, y la Santa María de la Consolación.

Quizá era de origen converso, aunque el patronímico no aparece en los registros de la Inquisición. Su hermano Pedro Gutiérrez sirvió como su factor en Santo Domingo durante los años 1524 a 1527. Este último hasta su regreso a Sevilla se dedicó de manera entusiasta a la trata de esclavos africanos, en ocasiones en asociación con su cuñado, Lucas de la Sal, un oficio en el que también desarrolló su actividad Ruy Díaz de Segura. Junto a la venta de esclavos, Segura comerció con ropas, telas y herramientas.

 

Acerca de Ruy Díaz de Segura tenemos bastante información, gracias a las frecuentes cédulas reales y permisos que le aluden: anduvo desplazándose constantemente entre Sevilla y La Española, pasando frecuentemente esclavos, algunos para su servicio personal y otros como mercancía, con licencia real.  Se asoció con varios mercaderes sevillanos, como Juan Genovés o Rodrigo de Gibraleón,  con los que anduvo en negocios comunes (sobre todo la trata de esclavos) aportando sus barcos para los menesteres que de ellos requería la Casa de Contratación, transportando oro y plata desde Indias hasta Sevilla, recibiendo en repetidas ocasiones un trato favorable de la administración (exenciones y demoras en el pago de los derechos de almojarifazgo, en el pago de la tasa de mercancías a la entrada en Santo Domingo o al cobrar intereses por las deudas que la Casa tenía contraídas con ellos) y siendo parte en algunos pleitos.

 

Díaz de Segura pasaba ocasionalmente en sus naos a los oficiales reales destinados a Indias: En 1526 Segura había transportado a Sevilla desde la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico a los regidores de la villa de San Germán en dicha isla: Juan Sánchez de Robledo, Domingo de Lares y el licenciado De la Gama, a los que el contador de la Casa de la Contratación sevillana, Domingo de Ochandiano, tomaría sus dichos a su llegada; también en octubre de 1532 transportó a Cubagua al juez de residencia, licenciado Francisco Prado, en su barco lleno de mercancías.

 

Díaz de Segura también padeció (al igual que otros muchos mercaderes sevillanos) el secuestro de remesas de oro y plata de Indias de su propiedad, recibiendo al cabo juros de deuda pública que cobraría posteriormente, como ocurrió en 1523 cuando se tomaron mercancías y oro de cinco naos venidas de Indias para financiar “el exército de Fuenterrauía”.

 

En cualquier caso, el colofón de la relación entre el mercader sevillano y la Administración lo marca la concesión de un escudo de armas en pago por sus servicios como repoblador de La Española el 22 de Diciembre de 1537, según real cédula emitida en esa fecha en Valladolid.

 

Real provisión a las autoridades de Santo Domingo para que permitan a Ruy Díaz y a Pedro Gutiérrez comerciar en la isla sin tasar sus mercancías (1529).