“gº Cartayo marinero”, bajo el epígrafe “De Seuylla”, en la Memoria de los supervivientes de Fernández de Biedma (1539).

Un tercer ejemplo lo tenemos en el maestre de nao Hernán Pérez de Cartaya, vecino de Sevilla en Triana, que participó en la expedición de Tristán de Luna a Florida en 1558. Era natural de Cartaya, como indica el topónimo de su apellido y él mismo reconoce, presentándose como testigo ante el virrey Luis de Velasco: “en la grand ciudad de Tenuxtitán Mexico de la nueua España a primer día del mes de hebrero de mill quinientos e çinquenta e nueue años”, ante “el muy Yllustre señor don Luys de Velasco Viso Rey e gobernador por Su Magd. en esta Nueua España [compareció] Hernán Pérez, natural que dixo ser de Cartaya” .

Después (1565) lo veremos documentado en Sevilla, como maestre de la nao “El Jesús”, en un pleito en el Consejo de Indias frente a la Casa de la Contratación de Sevilla, a la que le reclamaba el pago de los gastos por un viaje que había realizado desde el puerto de Nombre de Dios a España, y que finalmente ganó.

Poder notarial para pleitos (1565): “Sepan quantos esta carta/vieren cómo yo Fernán Pérez/de Cartaya,  uezino desta/caudad de Seuilla en Triana señor/e maestre de la nao monbrada El Jesús/que bino de auiso de la caudad del Nom/bre de Dios de Tierra Fyrme de las/Yndias del mar Ocçeano el año pasa/do de mill e quinientos e/sesenta e quatro años, otorgo e conozco que doy/dicho my poder cumplido e bastante…”

Un cuarto caso sería el del soldado Juan Martín de Cartaya, natural del Condado de Huelva y muerto “en los barrancos de Querbe, jato del capitán Álvaro Bázquez, ribera del rrío, terreno e jurisdicción de la Probinçia e Gobernaçión de Veragua” en 1572, y que había dejado a su muerte una pequeña herencia, compuesta por “Treynta y seys pesos de oro que cobró del gobernador Alonso Baca (...), y ansimysmo treynta pesos de plata corriente que cobró de los offiçiales rreales (...) y otrosí ocho pesos en plata que cobró de Fran[cis]co Bázquez (...) e quinze pesos de plata por dyez de oro que debía al difuncto Martín de Baldés (...) y ansimysmo [otros] syete pesos de oro que Martín de Baldés (...) debe al dho. difuncto”, además de ello, su vida privada –según parece– no era demasiado regular, ya que “no era casado y que tenýa dos ijos uno llamado Juan y otro llamado Xtobal. con maría, mujer yndia soltera”.

Por ello se hizo “ynformación de la muerte del dho. Juan Martín de Cartaya y de dónde era natural, e si fizo testamento, e si fuera casado e dexó hyjos o otros erederos y si quedaron otros bienes (...)”, con varios testigos y ordenándola el licenciado “Álbaro de Carabaxal, oydor de la rreal abdencia de Panamá del Rreyno de Tyerra Firme y juez general de bienes de difunctos en todo el destricto”.

Auto sobre los bienes de Juan Martín de Cartaya (1572).

Según vemos, muchas de estas personas apellidadas Cartaya se hallaban vinculadas al mundo del mar: es el caso de los marineros Francisco Martín (hijo de Diego Martín de Cartaya y Beatriz de Herrera), muerto ahogado en San Juan de Ulúa en 1580, cuando estaba  “yéndoce para socorrer al piloto y a un marinero de la nao almiranta de la mesma armada en México (…), estando en el puerto de Sant Juan de Olúa (…),  que se perdió en aquél puerto e que se ahogó, o el del marinero Pedro Rodríguez Cartaya, embarcado en la nao “Nuestra Señora de la Candelaria” y muerto también en San Juan de Ulúa por una enfermedad en 1639: su viuda, Magdalena Ramos, reclamaría al maestre de la nao Candelaria, Juan Rodríguez, la entrega de la magra herencia de su marido.

Izquierda: Entrega de bienes a Beatriz de Herrera y Diego Martín de Cartaya (1580). Derecha: Demanda  sobre los bienes de Pedro Rodríguez Cartaya (1639).

De todos los apellidados Cartaya establecidos o de paso por Indias entre los siglos XVI y XVII, el más documentado es el capitán Juan Rodríguez de Cartaya, de la guarnición de la ciudad de San Agustín de la Florida, a la que llegó en 1589. Sirvió hasta 1622 durante “treynta y quatro años continuos de soldado, cauo de esquadra, sargento, alférez, y de capitán de gente de mar y tyerra (…) contra los enemygos olandeses y de otras naçiones que acudieron a ynfestar aquellas costas como con los yndios naturales de la tierra (…), como tan honrrado soldado”, apareciendo en numerosos documentos que le mencionan.

“(...) Y en particular se halló en el descubrimiento de Bahama, Por aconpañado del capitán Juan Rodrígues de Cartaya (...)”. Testimonio del capitán Cristóbal Quijano sobre el Sargento Mayor Pedro Álvarez de Godón, 1618.

Según se deduce de los mismos, fue una pieza fundamental en la inteligencia militar de la colonia de Florida, sirviendo a las órdenes de los gobernadores Avendaño, Méndez de Canzo, Pedro de Ibarra, Fernández de Olivera, Treviño Guillamas y Juan de Salinas, y participando en el viaje de reconocimiento del capitán Fernández de Écija en 1609, e interviniendo en diversos combates con ingleses y holandeses (1605), en los que se capturó un buque enemigo; reconoció las Bahamas en 1618; y junto a ello, fueron frecuentes sus embajadas, misiones diplomáticas y bélicas frente a los caciques indios timucúa en Jega o Ais (1604, 1608, 1609, 1612, 1613, 1614 y 1621). Sería hecho capitán de infantería española por Felipe III en 1613, y moriría ahogado en 1622 tras ir a rescatar a los supervivientes de un naufragio español, prisioneros por los indios. Su viuda, Francisca Ramírez de Contreras, elevaría un memorial al rey Felipe IV a su muerte, pidiéndole algún socorro, por haber quedado tras fallecer su marido con siete hijos, siendo tanta [su necesidad] que no tengo para comprar un pan para mi sustento y de mis hijos (...), suplico se me haga merçed para ayudar my sustento y criar y rremediar mys hijos” .

Carta del gobernador Pedro de Ibarra al rey Felipe III, informando al monarca de los últimos sucesos de La Florida, y enviada a través del “dho. alférez Cartaya, que es quien mejor lo saue, Por auerlo uisto” (1606).

Otro interesante documento que nos da más información acerca de los Cartaya americanos sería la carta de dote de la dama mexicana doña María de Cartaya (1665), hoy en el Archivo General de Notarías mexicano, y en el que se le otorga “una dote acordada (…), y trae de sus bienes (…) ciento y quarenta obejas, dos asnos, treynta mulas ya creçidas, dyez mulas más pequeñas de dos años y veynte cauallos de monta (…)”: se encuentra recogida en Lavrin (1994).

 

Esto nos demuestra el asentamiento ya definitivo de varias personas apellidadas Cartaya en el Nuevo Mundo, procedentes en su mayoría de Canarias; abundan las referencias sobre el apellido en Cuba (Matanzas, Cienfuegos, Habana), Puerto Rico, Venezuela, Uruguay y Santo Domingo, donde pervive, etcétera. Consta la presencia del mismo –debido a la emigración- en el norte de Estados Unidos desde –al menos- 1872, una presencia que se vio incrementada por la importante emigración cubana en los años 50 del siglo XX hacia Florida y los EE.UU., estando aún hoy presente en esa zona.

Manifiesto del buque “The City of Washington”, llegado a Nueva York  el 6 de julio de 1896.

en Indias

Desde finales del siglo XV hay documentos que atestiguan el paso a América de portadores del apellido. El primer caso es el del operator (aperador) Juan de Cartaya, vecino de Jerez de la Frontera, que junto a Andrés Quemada pasa a La Española siguiendo las órdenes de los Reyes Católicos, confirmadas mediante un contrato firmado por el secretario Luis Suárez en 22 de octubre de 1495, para “buscar los mejores lugares para trabajar el suelo”, sembrando y cosechando “lo que Dios tenga a bien darnos antes de la fiesta de Santa María, en agosto de mil cuatrocientos noventa y seis”. Recogen estos datos Hugh Thomas (2003), y Jacques Heers (1981).

El segundo caso es el del marinero Gonzalo Cartayo, embarcado en la expedición de Hernando de Soto a La Florida, y uno de los supervivientes de ésta, como aparece en la relación de Fernández de Biedma (1539), hoy en el Archivo General de Indias: aparece como originario “de Seuylla”, aunque no indica si procede de la propia ciudad o de su reino, y formando parte de las tripulaciones embarcadas en los diez navíos que partieron de Sanlúcar de Barrameda a La Habana en 1538.

Modelo del casco de una nao (circa 1550). Museo Naval, Madrid.

Arriba: “Con el dho. alférez Cartaya tengo auisado a V. Magd... ”. Carta del gobernador Pedro de Ibarra a Felipe III, 1605.

 

Debajo: Merced de pago a favor del alférez Juan Rodríguez de Cartaya (1606): “Que al alférez Juº. Rodríguez de Cartaya q vino con el aviso de la presa, le corra su sueldo desde q salió de la Florida hasta q buelua a ella. Y demás desto se le den 400 ms. cada día librados en el situado de aquél presidio”.