Expediente de información y licencia de pasajero a Indias de José Gregorio Alegría (1752).

Los registros genealógicos en villas y lugares

 

 

A la hora de obtener los datos hemos tenido que trabajar con diversa documentación que nos ha permitido, en algunos casos dentro de ciertas limitaciones, extraer varias y valiosas referencias. Dichos documentos, fuentes de origen muy variado como ahora veremos, pueden articularse en distintas categorías, según su origen y función: Hay documentos administrativos, desarrollados por la propia burocracia gubernativa con el fin de censar, empadronar y cobrar sus impuestos a los habitantes del reino navarro; documentos eclesiásticos, gracias a los cuales la Iglesia Católica –a traves de una extendida red de parroquias- llevaba la relación de los bautizos (nacimientos), defunciones (entierros) y matrimonios (bodas, velaciones) a lo largo y ancho del reino, documentos que son de gran interés, porque nos permiten –aunque eso sucede, básicamente, desde el siglo XVIII y con algunas excepciones en el anterior- establecer muy diferentes relaciones familiares, gracias a ubicar en los registros a familias completas, con referencias específicas a padres y abuelos (de los bautizados o de los contrayentes). Esto no suele ocurrir en los siglos XVI y XVII, como después veremos, en los que habitualmente se relacionaba sólo el nombre de los contrayentes (matrimonios) o el de los padres del neonato (bautizos).

 

Junto a estos documentos, otros como probanzas y ejecutorias de hidalguía, creación de capellanías, mandas testamentarias, expedientes de Órdenes Militares, armoriales, etcétera, nos permitirán tener una visión próxima o al menos de conjunto sobre las intrincadas relaciones familiares existentes en el contexto geográfico estellés, del que ya hemos ofrecido cumplidas referencias.

 

Y al lado de las fuentes primarias, otras secundarias han resultado igualmente de gran interés a la hora de abordar dichas relaciones familiares desde una óptica contemporánea, abarcando cuestiones genealógicas, antropológicas o sociales, algunas de ellas desde ópticas realmente singulares, tales como el análisis –por ejemplo- de la manifiesta consanguineidad, repetida en varias generaciones, de varios de los individuos (y obviamente, de sus descendientes) mencionados en este trabajo, dentro de unos repetidos comportamientos matrimoniales.

 

Pasamos, por tanto, a hacer una somera relación de las fuentes que hemos manejado, y comenzaremos con los recuentos generales de población o fuegos,  también llamados apeos, que desde el siglo XVI hasta el XIX cubren los años de 1553, 1587, 1607-1612, 1637, 1644, 1645, 1646, 1647, 1678, 1726 y 1727. Estos fuegos o apeos consisten en una relación de grupos familiares, un recuento de familias realizado por la necesidad de valorar bienes muebles y raíces (1607-1612), o como una relación de fieles vinculados a un Obispado (1587). Algunos son resúmenes escasos en pocas páginas (1553), y suponen, básicamente, un recuento global; otros en cambio son muy completos, como el realizado entre 1646-47.

 

Desde 1786, los apeos se ven sustituidos por los censos de habitantes, mucho más completos, que se sucederán desde el Censo de Floridablanca (1786) en los años 1796, 1797 (mandado realizar por Godoy), y 1817 (tras la Guerra de la Independencia, y en cuya redacción se utilizaron los libros parroquiales). Ya en 1857 se lleva a cabo el primer Censo moderno de la España contemporánea.

 

Posiblemente, las fuentes de información más completas sean, prácticamente sin dudas, los libros sacramentales llevados por las parroquias, de los que ya hemos hablado en el capítulo anterior. Estos libros, que en algunas parroquias se remontan al siglo XVI, recogen valiosísima información acerca de los lazos filiales y conyugales, los parentescos y la situación de familias y linajes en el territorio. Menos completos en el siglo XVI, la información que nos ofrecen se va ampliando entre los siglos XVII y XVIII, ofreciéndonos, por ejemplo, datos tales como el origen geográfico de los contrayentes o el nombre de sus progenitores; y en el caso de los libros de bautismos, el nombre de los cuatro abuelos del neonato.

 

Estos libros pueden resumirse en cinco categorías: Partidas de bautizados, en las que se recogen los bautismos administrados en la parroquia, e incluso la fecha y hora de los nacimientos (esto último desde 1742); asientos de casados, en los que aparecen los matrimonios realizados en la jurisdicción de la propia parroquia, con algunas referencias a los padrinos, la ceremonia en sí, el origen de los contrayentes etc. a partir del siglo XVII; partidas de difuntos, que dan fe de las circunstancias en las que se produce una defunción e incluso de las posteriores disposiciones sobre las honras fúnebres.

 

Junto a estos libros que podríamos denominar como principales, aparecen los asientos de confirmados (llevados de forma discontinua: De hecho, las confirmaciones podían realizarse cada mucho tiempo, en intervalos irregulares que podían llegar a los doce años entre una ceremonia y la siguiente), y, por último, los libros de velados, llevados desde mediados del siglo XVIII para confirmar que los cónyuges habían oído la misa “de velaciones” que les confirmaba como un nuevo matrimonio.

 

Como decimos, suponen estos libros sacramentales una fuente muy completa de información, contando sin embargo con que en ellos existen abundantes lagunas, errores y omisiones, teniendo incluso el Obispado de Pamplona que amonestar a algunos párrocos que no llevaban correctamente los registros, incumpliendo las normas del Concilio de Trento.

 

A lo largo de la investigación hemos ido obteniendo diversos datos de los registros parroquiales de las diversas villas de la merindad de Estella o de su entorno más o menos inmediato o cercano; junto a ello, debemos hacer notar, igualmente, que una buena parte de los apellidos que nos han aparecido corresponden a toponímicos (Aramendía, Mendaza, Desoxo o Desojo,  Zúñiga, etc.) o a patronímicos vinculados a un topónimo (López de Alda, Díaz de Ylárraza, Fernández de Mirafuentes, Martínez de Angulo, Díaz de Cerio, etc.), con lo que el número de localidades a mencionar, obviamente, se multiplicaría. También debemos añadir a esta relación aquellas localidades no navarras de donde proceden algunos de los individuos o apellidos mencionados (caso de Lagunillas en La Rioja, o Albéniz y Alda en Álava, por ejemplo).

 

En este trabajo veremos documentado en Desojo el matrimonio entre José Baños y Alegría y Carmen Martínez de Angulo y López de Alda, el 24 de septiembre de 1838, en la parroquia de Santa María.

 

En Otiñano hemos podido documentar el fallecimiento, el 14 de marzo de 1870, de Joseph Alvéniz de Zúñiga, y el nacimiento de su hijo Cipriano Cosme Albéniz de Arana el 20 de septiembre de 1820.

 

En Mirafuentes hemos podido documentar una presencia continuada de varios de los patronímicos estudiados en esta parte de nuestro trabajo: nacimientos, fallecimientos y defunciones de distintos miembros de las familias Albéniz, Chasco, Torralba, Zúñiga, Mendaza, Arana y Aramendía, en un espectro temporal que abarca los siglos XVII y XVIII.

 

En Piedramillera hemos podido documentar el nacimiento (1746) de Francisca Ramos de Salsamendi y Chasco, primera esposa de Balerio de Alvéniz y Chasco, y los nacimientos (1700 y 1702) y matrimonio (1735) de los padres de aquélla, Francisco de Salsamendi e Ysidora Chasco.

 

En Ganuza hemos podido documentar varios nacimientos, desde el de Phelipa García, nacida allí en 1658 y su hijo Juan de Aramendía, nacido en 1684 (la esposa de este, Ysabel de Urra, nació asimismo en Ganuza en 1686) y el nacimiento de Phelipa de Aramendía y Urra, hija de ambos, en el lugar de Ganuza en 1717.

 

En la villa de Los Arcos se encuentra la Casa Solar del linaje de Chasco. En El Busto, en torno a 1700, nació y fue bautizado Joseph de Alvéniz y Navas.

 

En Bargota hemos localizado al grupo más numeroso de ascendientes familiares, ya desde el siglo XVI: Los Beaumont o Fernández de Beaumont, Arcaia (Arcaya, López de Arcaya), Llorente, Baquedano, Díaz de Ylárraza, Ciordia, Fernández de Mirafuentes, Galarreta, De Vicente, Lacalle, Moreda, Liquente, Legardón, Zevada, Meano, de Muro, Gorano, Santamaría, Manso, Torralba, Zurbano, Díaz de Zerio, Acedo, Garín, Gregorio, Desoxo, Ortiz, Serrano, etc. y de nuevo Chasco, Mendaza y Zúñiga, en un espacio temporal que abarca al menos desde 1541  hasta finales del siglo XVIII (1786).

 

Sansol ha sido la última villa en la que han residido, antes de su traslado a otras zonas de España, algunos de los individuos que estudiamos, en fechas ya más recientes (finales del siglo XIX, inicios del siglo XX). Está documentado, inicialmente, el matrimonio entre Dolores Rubio de Vicente y Cipriano Cosme Albéniz de Arana en 1844, y en 1872 el de su hija, Regina Albéniz Rubio, con Francisco Baños Martínez de Angulo. Igualmente, en Sansol nacería (1886) Rosario Albéniz Fernández de Barrena, esposa de Pedro Baños Albéniz, hijo de los anteriores.

 

Hemos mencionado al principio de este epígrafe cómo otras villas navarras o del entorno (La Rioja) pueden determinarse como origen de algunos de los individuos que aparecerán en esta parte de nuestro trabajo, aunque básicamente hablamos de puntos de origen (nacimiento y bautizo), o destino final (matrimonio, fallecimiento). En este caso pueden encontrarse Larraga, en la Merindad de Olite (donde nace, circa 1680, Anna María Merino Sánchez de Mozarrón), Lazagurría, donde nace en torno a las mismas fechas Juan López de Arcaia, esposo de esta última y su hija María Josepha de Arcaia, esposa de Sebastián Fernández de Beaumont y Ciordia, nacido en Bargota; Aras, donde nace en torno a 1625 Pedro Díaz de Zerio, que se instalará en Bargota circa 1645; o Lagunillas (La Rioja), donde contraerían matrimonio Francisco Fernández de Beaumont y Catalina de Yécora en torno a 1640, y donde nacería en 1641 su hijo Damián Fernández de Beaumont. No obstante, sí está claro que serán Mirafuentes, Bargota y Sansol las villas en las cuales obtendremos una mayor información sobre los sucesivos entronques de estas familias navarras. Otra cuestión añadida, como ya he mencionado, es el caso de los distintos topónimos que componen o están asociados a los patronímicos.

 

Estos topónimos recogen una amplia variedad geográfica, que abarca Álava (Albéniz, López de Alda, Alegría, Arcaya, Díaz de Ylárraza, Galarreta, Moreda, Lacalle, Zurbano, Díaz de Zerio), Guipúzcoa (Salsamendi, Garín), Navarra (Obanos, Zúñiga, Torralba, Mendaza, Fernández de Mirafuentes, Meano, Aramendía, Acedo, Urra, Desojo, Baquedano), La Rioja (Baños), y Castilla y León (Martínez de Angulo, Arana), lo que también puede indicarnos el origen de las propias raíces familiares, que originadas en el entorno han permanecido en el mismo, sufriendo leves desplazamientos dentro de una misma geografía, marcada por la proximidad (como norma habitual) entre la gran mayoría de las distintas villas y lugares mencionados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS DOCUMENTOS UTILIZADOS

Izquierda: Ejecutoria de D. Manuel Fernández de Arcaya y Larrea (Pamplona, 1791).

Derecha: Ejecutorial por patente: “Hidalguía de los Alegrías”, Pamplona, 1775.

Otras fuentes documentales

 

 

Dentro de las otras fuentes documentales de las que nos hemos servido para realizar este trabajo, hemos tenido acceso a distintos expedientes en los que hemos podido extraer información valiosa para poder situar a algunos de los individuos y familias sobre los que hemos trabajado. Por ello, mandas testamentarias, expedientes de Órdenes, pleitos y ejecutorias de hidalguía han sido documentos auxiliares de gran valor. He de decir, sin embargo, que en buen número estos documentos no aluden específica o individualmente a las personas que sí aparecen en el estudio genealógico que se ha realizado en esta parte de nuestro trabajo; sin embargo, entiendo que dichos documentos pueden resultar de interés, ya que aluden a familias y linajes que, con mucha probabilidad –e incluso añadiría que con seguridad- están entroncados, vinculados o emparentados con los aquí expuestos, al proceder de troncos comunes, de localidades cercanas o vecinas, o al portar un patronímico común, siempre que este último sea suficientemente distintivo; con lo que se abre así un campo de investigación que puede llegar en el futuro a establecer definitivas y concluyentes relaciones y conexiones entre estos linajes estelleses.

 

Ejemplos de dicha documentación utilizada bajo esta premisa son los que siguen: El expediente de pruebas para la concesión del título de caballero de la orden de San Juan de Jerusalén a Pedro de Eguía Aras Chasco y Zufia, natural de Estella, fechado en 1577, y del que hemos extraído interesantes referencias sobre la familia Chasco en la merindad de Estella, que hemos podido completar con el expediente de pruebas de caballero de San Juan de Jerusalén de Francisco de Magallón López de Mirafuentes Falces y Chasco, natural de Tudela, fechado en 1682. Sobre los Chasco, además del breve trabajo de Basanta de la Riba, al que ya hemos aludido, algunos pleitos de hidalguía de la Real Chancillería de Valladolid nos aportan alguna información complementaria, y otros documentos de distinto tenor añaden referencias para nuevas líneas de investigación. En relación con otros patronímicos, otros documentos con los que hemos podido trabajar han sido el pleito de hidalguía de Andrés de Mendaza en la Real Chancillería de Valladolid, mantenido por éste en el año de 1797, o el apeo de las propiedades de los dos mayorazgos de Bartolomé de Mendaza, en 1837, tras la confusión de estados; la sentencia favorable obtenida por Fermín de Alegría frente al lugar de Ubago, en un pleito de denunciación de uso de escudos de armas, en 1775, o el seguido por Josefa de Echávarri, viuda de Miguel de Alegría y vecina de la villa de Los Arcos contra los acreedores de su marido, entre 1700 y 1705. Igualmente, el expediente de información y licencia de pasajero a Indias de José Gregorio Alegría, promotor fiscal de la Inquisición en Cartagena de Indias, en 1752: gracias a estos documentos hemos obtenido algunas referencias de interés acerca de las familias Mendaza y Alegría, tanto en Navarra como en Álava.